El 28 de agosto, la Casa Blanca confirmó la destitución de Susan Monarez como directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la principal agencia de salud pública de Estados Unidos. La decisión se produjo a menos de un mes de su designación y en medio de un enfrentamiento con el secretario de salud, Robert F. Kennedy Jr., conocido por su escepticismo hacia las vacunas, en el marco de la administración del presidente Donald Trump.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció en la red social X que Monarez “ya no es directora” del organismo, pese a que había sido confirmada por el Senado semanas antes. Sus abogados respondieron que no había renunciado ni había recibido una notificación formal, denunciando represalias políticas por negarse a aprobar medidas “no científicas e imprudentes” y a despedir a especialistas de amplia trayectoria.
El trasfondo del conflicto es la profunda reforma que Kennedy Jr. impulsa en la política de vacunación estadounidense. Basadas en un fuerte escepticismo hacia la seguridad y efectividad de las vacunas, sus propuestas contradicen el consenso científico internacional. En paralelo, la administración Trump acaba de restringir el acceso a las nuevas dosis de refuerzo contra la covid-19, limitándolas a la población considerada de “alto riesgo” y previa consulta médica, al tiempo que desautorizó su uso de emergencia. Además, en junio, Kennedy Jr. había cesado al comité asesor de vacunación de los CDC, argumentando que buscaba “devolver la confianza del público”, una medida duramente criticada por expertos en salud pública.
La inestabilidad interna se refleja en las renuncias de al menos cinco altos cargos en pocas semanas. Entre ellos, la vicedirectora Debra Houry y Demetre Daskalakis, director del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias. Houry señaló que los recortes y despidos ponían en riesgo el funcionamiento de la institución, mientras que Daskalakis declaró que no podía permanecer en un entorno donde los CDC eran usados como herramienta política.
Los CDC cumplen un papel estratégico en la vigilancia epidemiológica global, en la definición de recomendaciones de vacunación y en la coordinación frente a emergencias sanitarias. Por ello, la crisis en su conducción genera inquietud internacional sobre la capacidad del organismo para sostener políticas basadas en la ciencia.
La destitución de Susan Monarez y la crisis en torno a los CDC plantean preguntas de fondo: ¿qué ocurre cuando la política desplaza a la ciencia en la toma de decisiones sanitarias? ¿Cómo se sostienen la confianza pública y la credibilidad institucional en contextos de polarización? La respuesta, aún incierta, marcará no solo el futuro de la salud en Estados Unidos, sino también la manera en que el mundo observa la relación entre ciencia y política en tiempos de incertidumbre.
Fuentes: elDiario y elMundo
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